Blogers Flamencos

Trabilitran

Blog del director del programa radiofonico Flamenco Trabilitran, que se emite los Miercoles de 19 a 20hs. y los Sabados de 12 a 13Hs. en Radio Mairena (Sevilla) en el 107.3 de dial F.M. Reflexiones claras y concisas de su autor , sin caer en la critica facilona, siempre con buen gusto y constructivismo.


viernes 24 de junio de 2011

Cisma entre afición y artistas


Aunque a lo largo de la historia, y con cada cambio generacional, se ha criticado continuamente la dirección artística que tomaba el flamenco, intuyo que, hoy por hoy, estamos ante el mayor cisma entre los aficionados cabales y los artistas flamencos con más poder mediático.
Cuando nombro a los aficionados cabales, me refiero aquellos que guardan entre sus sienes los cantes de los clásicos como el Torre, Chacón, Mairena, Vallejo o Pastora, los que entienden que la afinación y el compás no valen de nada sin trasmisión, los que chanelan quienes fueron Mojama, El Gloria o Centeno, los que no se cortan en asistir a cualquier recital o festival que les quede cerca, aquellos que son capaces de distinguir entre los distintos palos y, dentro de ellos, los numerosos y bellísimos estilos o los que se parten las camisas con las aportaciones de Camarón, Morente o Lebrijano, y esto, basándome únicamente en el cante para este análisis.
Los aficionados no entienden que pasa con las programaciones de los grandes eventos flamencos y les cuesta digerir que algunos artistas sin relación con lo jondo entren en el mismo saco que Meneses, Carmen Linares o Calixto Sánchez.



Es posible que dentro de esta comunidad, que podíamos definir como culta dentro del arte flamenco, valoren a los nuevos ídolos de masas bajo los mismo criterios artísticos que a los cantaores de referencia, craso error.
Es difícil digerir el éxito de cualquier aficionado al “flamencopopsoulchillfusion”, que no resiste un mínimo estudio flamenco, al compararlos con enormes cantaores que son ninguneados continuamente por los agentes “culturales”.
El cambio estético sufrido por este arte se hace patente a mediados de los años 80, en los que se demonizan los términos duende o pureza, el clasicismo en las formas, el formato de los festivales de verano e incluso el entramado peñístico.
Habría que cuestionarse a qué responde esta actitud, plenamente implantada con la entrada del nuevo siglo, y que, en los últimos años, nos está legando tanta música superflua, sin esencia, rápida de consumir y más de olvidar. Podría dar una lista de éxitos flamencos de la pasada década que han envejecido a la velocidad de la luz y que nunca pertenecerán al cofre que guarda las grandes obras flamencas en sus entretelas.



Parece claro el interés mercantil por parte de las casas discográficas, los agentes culturales y los propios políticos encargados, en la mayoría de los casos, de programar en busca de voto fácil.
Pero, ¿acaso no es esta actitud rentable la que ha dirigido los movimientos estéticos a lo largo de la historia del flamenco? Y más preguntas, ¿El valor artístico de una obra está ligado al éxito comercial? ¿Está capacitado el gran público para valorar en su justa medida la calidad flamenca de un artista? ¿Es el flamenco un entretenimiento o un arte?
Imagino que son preguntas que los eruditos de otras manifestaciones artísticas, literatura, pintura..., se realizan a diario, con las respuestas que todos sabemos pero conviviendo con la realidad del negocio que les golpea el rostro.
No se puede ni se debe examinar, valorar o estudiar bajo los mismos preceptos los productos artísticos que nos ofrece el mercado, teniendo en cuenta que algunos están diseñados como pasatiempo lúdico, caduco y beneficioso económicamente y otros presentan una carga cultural densa y acotada para los que saben “estinguí”.



Lo interesante y el verdadero motor del arte es cuando coinciden todas las características en un mismo artista, y es capaz a través del conocimiento, las capacidades, la intuición, la trasgresión y lo que no se puede explicar, de crear un movimiento y un monumento a la música universal.
De ellos ha sido y será el olimpo del arte flamenco. Por desgracia, si existe alguno contemporáneo, desde luego, no ejerce como tal.

domingo 19 de junio de 2011

De Utrera al cielo...



Cuando alguien se propone homenajear a un genio, en este caso a dos, una de las condiciones para no fracasar debe ser estar a la altura del homenajeado, requisito que el espectáculo "De Utrera al cielo" cumple sin llegar a la profundidad, la inspiración y la negrura del arte de las Jiménez Peña.
El pasado viernes noche llegó a Mairena un carro lleno de gitanos con el firme propósito de reivindicar las figuras de Fernanda y Bernarda de Utrera, otorgándoles los títulos reales de Reinas flamencas por decreto popular.
La nueva generación de flamencos de Utrera mantiene viva la llama jonda que prendieran estas dos niñas gitanas que escribieron con letras de fuego inmortales una página imprescindible en la historia del cante flamenco.
Dani de Utrera ejerció de narrador y conductor de una obra teatral que recorría la vida y obra de las dos hermanas, haciendo hincapié en la capacidad interpretativa de ambas en los estilos por soleá, Fernanda, y por bulerías, Bernarda.



Simpático, flamenco y artista estuvo Dani que emocionó al personal gustándose en el cuplé María de las Mercedes, ya al final de espectáculo.
Comenzó la obra con las voces titubeantes de Jesús de la Frasquita, José Valencia y Delia del Cuchara, sustituyendo a Mari Peña, bulerías al golpe con el único acompañamiento del soniquete de Jesús de la Buena y Gaspar del Cuchara.
Frasquito alza la voz por tonás al que termina poniéndole música Pitín hijo con su sonanta, bastante correcto tda la noche con el hándicap de ser la única guitarra en liza.
Los cantes por colombianas y tarantos al compás de la bulería en recuerdo a Bernarda los interpretó Delia, quizás lo más endeble de la noche. "Callarse por un momento". A contraluz en uno de los pocos detalles técnicos de la obra, una ronda por fandangos en la disfrutamos del eco de La Inés, la sobrina que cuidó y vivió con las dos hermanas hasta el final, empieza a subir la calidad del espectáculo con sabor a mostachón subidos a la voz afinada y con regusto de La Inés.



Pero sería desde Lebrija y Jerez de donde llegara la calidad y la jondura.
Impresionante irrupción en el escenario de José Valencia con las cantiñas del Pinini quién seguramente, desde donde esté, pudo escucharla. La fuerza desmesurada y huracanada del de Lebrija, acongoja por su profundidad y sonido gitano aunque, por poner una faltita, demandamos mejor vocalización, cuestión que dentro del flamenco para algunos es una virtud más que un defecto. José encarna la esperanza de los aficionados cabales del que esperan coja la silla de enea u se siente "delante" de una vez para siempre.



Aplausos para Tomasa Guerrero La Macanita que se sitúa en solitario en el escenario, en los medios, para hacerle un monumento al cante por soleá, desde Alcalá a Utrera, desde Joaquín a La Serneta. La Fernanda se hace presente en cada tercio..."to aquél que tiene fatigas se le ve en cara, a mi me estaban ahogando y nadie me las notaba"...la voz de La Macanita pero el aire y el corazón de la Fernanda.
Ronda de cuplés por bulerías de despedida en el que destacaron, el compromiso de José Valencia y el amor roto de la Macana que incluso buscaba los desafines de la maestra.
En definitiva, un espectáculo simple en su concepción, con algunas deficiencias luminotécnicas, con una más que aceptable adecuación de los cantes clásicos a los modos contemporáneos de acompañamiento y percusión, en la que la calidad la puso Lebrija y Jerez, y la flamenquería, la pasión y el amor por la Fernanda y la Bernarda llegó desde su pueblo y su gente, la nueva generación de flamencos de Utrera.
Dios las tenga en la misma gloria que ellas nos legaron en vida.