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La Gazapera

La Gazapera . En 2010  ha sido el año que mas premios está recogiendo. Reconocido y premiado no solo por los Flamencos , sino también por otros estamentos culturales de Andalucia y España .Manuel Bohorquez con su particular sello ha encumbrado este Blog del que se hablará por mucho tiempo. ¿Quien no lo ha leido o lo ha oido nombrar? Ahora es el momento. 

Gala de entrega del XXV Compás del Cante a José el de la Tomasa

Gala de entrega del XXV Compás del Cante a José el de la Tomasa

A Diego Pérez

José el de la Tomasa agradeció el galardón muy emocinado en presencia de Julio Cuesta. Bohórquez.

José el de la Tomasa agradeció el galardón muy emocinado en presencia de Julio Cuesta. "Es como una cervecita fresca en el desierto". Bohórquez.

“Es como una cervecita fresca en el desierto”. Esta genial frase del galardonado fue lo mejor del acto de entrega de la XXV Distinción Compás del Cante a José el de la Tomasa el pasado viernes en el bello marco del Castillo de Gibralfaro de Málaga. Es una frase con una gran carga de profundidad y refleja muy bien lo que ocurre con el cantaor sevillano, quien se lamenta de no estar lo considerado que debiera estar en el mundo del flamenco. Su nombre había sonado en ediciones anteriores, pero siempre se quedaba en puertas. Este año no fue así porque el jurado consideró que había que premiar no solo su cante, serio y hondo, sino su actitud ante lo jondo, una actitud responsable, seria, comprometida siempre con el legado de su familia y el de los maestros a los que eligió para moldear su estilo: Mairena, Chocolate, Tomás, el Sevillano, el Carbonero, Antonio el de la Carzá y otros muchos. Horas antes del acto de entrega ya estaba el maestro, en compañía de su esposa, aliviando los nervios mediante un ligero almuerzo en el Parador de Gibralfaro, desde donde la Plaza de Toros de la Malagueta parecía una galleta gigante. ¿Nervioso, un cantaor con cuarenta años de oficio? Así es. “La responsabilidad, Manuel”, nos decía el artista, que andaba más preocupado por el peso de la estatuilla de Gavira, que por el acto en sí. Cuando la tuvo en sus manos, sentenció: “Es como para dársela a El Tiriri”, un veterano cantaor malagueño que anda algo endeble. Además de buen cantaor, el hijo de la Tomasa y Pies de Plomo es una persona con una gracia sevillana muy fina. Le preguntaron una vez en Radio Sevilla que si era un cantaor frío, a lo que contestó sin titubeos y con una agilidad mental extraordinaria: “Sí; yo es que soy de Pescanova”. Sin embargo, el Compás del Cante no se lo han dado por su indudable gracia, sino porque jamás ha cedido a la comercialidad del cante, que podría haberlo hecho porque fue cocinero antes que fraile. O sea, que cantó lo moderno antes que lo más clásico del cante jondo.

Gonzalo Rojo recibió la Mención Especial de manos de Damián Caneda, del Ayuntamiento de Málaga, en presencia de Julio Cuesta y José el de la Tomasa. Bohórquez.

Gonzalo Rojo recibió la Mención Especial de manos de Damián Caneda, del Ayuntamiento de Málaga, en presencia de Cuesta y José de la Tomasa.

Julio Cuesta, el director de la Fundación Cruzcampo, se encargó de conducir el acto de entrega de la distinción. Se refirió a la importancia del galardón y destacó la mención especial a la Peña Flamenca Juan Breva, que recogió su presidente, el crítico Gonzalo Rojo Guerrero. Emilio Jiménez Díaz, secretario del jurado y coordinador del Compás del Cante, leyó el acta del jurado, y Alfonso Queipo de Llano glosó la figura del maestro galardonado, destacando su pureza y su calidad como ser humano. La gala de entrega no resultó tan lucida como la del pasado año en Granada, con Pansequito como protagonista. El lugar elegido era un marco incomparable, pero los invitados tuvimos que bajar a la Plaza de Armas del Castillo, después de la copa de bienvenida, que fue en el Mirador. Tras la copiosa cena y las copas de rigor, los más mayores casi tuvieron que llamar a Indiana Jones para regresar a la entrada del castillo. Tampoco estuvo a la altura la parte artística, con la actuación de un joven bailaor, Sergio Aranda, que no fue lo más indicado para homenajear a un cantaor de la talla de José el de la Tomasa. En su descargo, hay que decir que el chaval tuvo que luchar contra una tarima nada apropiada. Aunque no estaba previsto, José el de la Tomasa tomó la decisión de cantar por soleá y lo hizo con el guitarrista del cuadro, de una forma totalmente improvisada y en presencia del maestro Fosforito, el único artista que vimos entre los invitados. Quizás por los nervios, el cantaor sevillano eligió una letra poco adecuada, si tenemos en cuenta que estaba allí la actual Llave del Cante Flamenco:

Están buscando la llave,

cuando las puertas del cante

ni se cierran ni se abren.

Fue la anécdota de la noche, una noche que no pasará a la historia del Compás del Cante como un modelo de organización y valor artístico. Echamos de menos a muchos artistas de la tierra y, sobre todo, lamentamos la ausencia de compañeros y compañeras de la crítica.

A Manuel Peña Narváez

La Farruca estuvo más farruquera que nunca. ¿Se puede bailar más gitano?

La Farruca estuvo más farruquera que nunca. ¿Se puede bailar más gitano?

Este año había que estar en el Potaje Gitano de Utrera y hemos estado. Y ha merecido la pena porque hacía años que no catábamos un Potaje con todos sus avíos gitanos, como el del pasado sábado. Nos animó a ir no solo el hecho de que estuviera dedicado al maestro de la bajañí más jonda, el venerable Juan Habichuela, que al final no pudo recibir el homenaje por encontrarse enfermo. Tampoco acudió nadie de su familia. Le echamos de menos, aunque la organización nos obsequió con un excelente vídeo sobre el gran artista calé. Había que estar en el Potaje por otros muchos motivos, como, por ejemplo, ver bailar a La Farruca, hija y madre de genios del baile y genial como ella sola. ¡Qué manera de bailar la de esta gitana! Nuestro sombrero a sus pies, señora. Había que estar también para demostrarles a los miembros de la Hermandad de los Gitanos de Utrera que nuestras críticas, en ediciones anteriores, estaban totalmente justificadas por una mala organización y una chunga política de homenajes mediáticos que se estaban cargando al decano de los festivales flamencos de España. Aquellas críticas nos costaron un doloroso exilio de años.

Ana Peña se entregó hasta la extenuación y nos metió su cante en las entrañas.

Ana Peña se entregó hasta la extenuación y nos metió su cante en las entrañas. No es una cantaora mediática, pero hiere la sangre.

Había que regresar del forzado destierro y atravesar la puerta del Colegio Salesianos, aunque solo fuera por imaginarnos a Fernanda y a Bernarda entrar agarradas del brazo de Inés y al gran Perrate apurando un pitillo en la comisura de los labios. Nos habían preparado en casa unos bocadillos por lo que pudiera pasar. Llevarse bocadillos de jamón con tomate al Potaje es como llevarse unas papas con bacalao a Ávila o unas gachas a Sanlúcar de Barrameda. No nos hicieron falta los bocadillos, porque la organización de este año -podríamos poner como triunfador del festival a Antonio Torres, pero iba a cantar mucho- ha atendido muy bien a los medios de comunicación. Tan bien, que nos entraron ganas de quedarnos a dormir en Utrera, aunque hubiese sido debajo de un olivo y en un lecho de terrones. Había que ir también para apoyar a esa nueva generación de hermanos de la Hermandad de los Gitanos de Utrera, capitaneada por Manuel Peña Domínguez, que quiere asegurar el futuro del Potaje sin renunciar a la esencia, como quedó claro el sábado. Siguen sin gustarnos esas mesas redondas, como de bodas, repletas de viandas y botellas de vino; el bar en el mismo recinto del escenario y ese ambiente de romería dominguera de pinar que no es el más indicado para disfrutar de un arte que es más de iglesia que de jolgorio, por mucho que se empeñen de Despeñaperros para arriba y, si nos apuran, de Despeñaperros para abajo. Sin embargo, si no puedes vencerlos únete a ellos, como dijo el Emperador Constantino, que no era de Utrera, aunque lo dijera por bulerías al golpe de la inolvidable Rosario la del Colorao.

El Cuchara no es que estuviera aburrido. Es que estaba llamado a Perrate para contarle cómo estava cantatando su Tomás.

El Cuchara no es que estuviera aburrido. Es que estaba llamando a Perrate a la Gloria para contarle cómo estaba cantando por fiesta su hijo Tomás.

Hemos comprendido que el Potaje tiene su sello y que hay que respetarlo si queremos disfrutar del arte gitano más puro, en su salsa; si queremos sentir en la piel el gustoso torniscón que la noche del sábado nos regalaron un Dorantes que no renuncia a su música de fusión ni en la tierra de sus antepasados, de su abuela La Perrata; un Pansequito inspirado que ligó la soleá como en sus mejores tiempos, que meció las alegrías y que le dio una nueva mano de barniz gitano a los tarantos de Manuel Torre, aunque achocolatados; una Niña Pastori ajustada a los palos de compás muy bien acompañada por Diego del Morao, que parecía decirnos “no me pises, que llevo chanclas”, qué arte; una Farruca más farruquera que nunca emocionando a las estrellas por alegrías y soleares, con un magnífico cuadro en el que brillaron el guitarrista Juan Requena y el cantaor Pedro Heredia; un Cuchara de Utrera preñado de sabor y enjundia -actuó en la primera edición del festival hace cincuenta y cinco años-; una Ana Peña entregada a la jondura de una forma sobrehumana, gitanísima; un Tomás de Perrate rompiendo la barrera del sonido, pero con un sonido tan gitano que lastimaba; y una Anabel Valencia que acercó más Lebrija a Utrera de lo que ya lo está, y no sólo geográficamente. ¡Qué fuerza y que enjundia tiene esta chiquilla!

El Maestro Pansequito no defrauda nunca

El maestro Pansequito no defrauda nunca. Fotografías, Bohórquez.

Nos dio mucha pena abandonar Utrera, aunque eran cerca de las cuatro de la madrugada y los chícharos arrebujaítos con el tocino y el vino tinto de Lebrija nos invitaban a poner rumbo a Mairena del Alcor por miedo a una prueba de alcoholemia. Aunque, que sepamos, la DGT todavía no ha inventado un artilugio en el que nos obliguen a soplar para detectar las borracheras de arte flamenco. El día que lo inventen, la Hermandad de los Gitanos tendrá que poner literas en el Colegio Salesianos. Que sea pronto, porque pensamos seguir emborrachándonos de arte gitano en Utrera, si Dios y los toros de Machacaera no nos lo impiden. La calle Nueva/, se ha alborotao/ porque el Pinini se ha emborrachao. Que haya mejoría, maestro Juan Habichuela.

LV Potaje Gitano de Utrera. Elenco artístico: La Farruca, Pansequito, Dorantes, Niña Pastori, El Cuchara, Ana Peña, Tomás de Perrate, Anabel Valencia, Manolo Parrilla, Diego del Morao, Pitín hijo, Pedro Heredia y otros. Entrada: 1400 personas. Lugar y fecha: Colegio Salesianos de Utrera, 25 de junio de 2011.